Cómo descarbonizar el transporte pesado de inmediato

El reto de descarbonizar el transporte pesado

Soria. 30 de julio de 2026. Descarbonizar el transporte pesado es uno de los grandes desafíos de la transición energética. Sectores como el transporte por carretera, el transporte público o el marítimo requieren grandes cantidades de energía, y en la actualidad, dependen mayoritariamente de combustibles fósiles debido a la dificultad de electrificarlos.

En la Unión Europea, el transporte representa más del 30% de las emisiones del CO2, siendo el transporte por carretera y el marítimo responsable de casi el 90% de estas emisiones. Este contexto, y la dificultad de electrificar estos sistemas de transporte en el medio plazo, pone de manifiesto la necesidad de soluciones eficaces y de rápida implementación que permitan reducir la huella de carbono del transporte pesado.

La necesidad de soluciones disponibles hoy

Aunque tecnologías como la electrificación o el hidrógeno renovable están llamadas a desempeñar un papel relevante en el futuro, su despliegue en el transporte pesado todavía se enfrenta a retos técnicos, económicos y de infraestructura.

Hidrógeno

El hidrógeno renovable permite descarbonizar el transporte pesado en largas distancias gracias a su alta densidad energética y tiempos de repostaje similares al diésel. Sin embargo, su despliegue depende de una infraestructura aún limitada y de una cadena de valor en desarrollo, con costes elevados y retos asociados a su almacenamiento y transporte. 

Electrificación

La electrificación ofrece el mayor potencial de reducción de emisiones en transporte pesado, especialmente en trayectos cortos y medios, gracias a su alta eficiencia energética. No obstante, requiere importantes inversiones en red eléctrica e infraestructuras de recarga, y presenta limitaciones en autonomía y tiempos de recarga para operaciones de larga distancia, por lo que su implementación se estima para el largo plazo 

Bioetanol y biodiésel

Los biocombustibles líquidos permiten reducir emisiones aprovechando infraestructuras y vehículos existentes, facilitando una transición inmediata sin cambios tecnológicos significativos. Sin embargo, su disponibilidad es limitada y en ocasiones se expanden los cultivos para su uso, lo que aumenta su huella de carbono, y muchos vehículos pesados no usan motores que utilicen estos combustibles.

Biometano y e-metano

El biometano y el e-metano permiten descarbonizar el transporte pesado utilizando la infraestructura gasista existente, con tecnologías maduras y plenamente operativas. Su principal ventaja es su carácter de solución inmediata y gestionable, tanto para vehículos terrestres como marítimos. 

El biometano en el transporte: una solución inmediata

El biometano se posiciona como una de las principales soluciones para descarbonizar el transporte pesado de forma inmediata. Se trata de un gas renovable obtenido a partir de residuos orgánicos que puede utilizarse como sustituto directo del gas natural.

Su principal ventaja es que permite su uso en vehículos e infraestructuras ya existentes, lo que facilita una implantación rápida y sin necesidad de grandes inversiones adicionales. Esto lo convierte en una opción especialmente eficaz para sectores como el transporte de mercancías o el transporte urbano.

Además, el uso de biometano en camiones y autobuses permite reducir de forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero, contribuyendo a avanzar hacia modelos de movilidad más sostenibles.

El biometano, clave para una descarbonización rápida

Distintos estudios a nivel europeo señalan que el biometano es una de las soluciones con mayor potencial para descarbonizar el transporte de forma rápida y transversal. Puede alcanzar reducciones de emisiones similares o incluso superiores a otras alternativas, con la ventaja de poder desplegarse de forma inmediata.

Una solución disponible para avanzar desde hoy

La descarbonización del transporte pesado requiere combinar soluciones a largo plazo con alternativas que puedan aplicarse de forma inmediata. En este contexto, el biometano representa una opción realista, eficiente y ya disponible.

En Biorig trabajamos para transformar residuos orgánicos, especialmente de origen agroganadero, en biometano como fuente de energía renovable, impulsando la economía circular, generando valor en entornos rurales y reforzando la independencia energética.

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Qué son los biofertilizantes, tipos y ventajas para el suelo

Madrid, 22.07.26 Los biofertilizantes o fertilizantes orgánicos permiten mejorar la fertilidad del suelo de forma sostenible, reduciendo el impacto ambiental y favoreciendo un modelo agrícola más eficiente y equilibrado. Las plantas de biogas y biometano tienen un papel muy relevante a la hora de impulsar estos modelos de abonado, ya que mediante el proceso de digestión anaerobia generan un subproducto conocido como digestato, con gran potencial agronómico.

En un contexto en el que la sostenibilidad del sistema agrícola es cada vez más relevante, los biofertilizantes se posicionan como una solución clave para optimizar el uso de los recursos naturales y reducir la presión sobre el suelo. Su aplicación no solo contribuye a mejorar la productividad, sino también a preservar la salud del suelo a largo plazo, alineándose con las nuevas exigencias regulatorias y los objetivos de descarbonización del sector primario.

El suelo como recurso estratégico en la agricultura

El suelo es la base de la producción agrícola, pero también uno de los recursos más vulnerables. Su uso intensivo y la aplicación continuada de fertilizantes químicos han provocado problemas como la pérdida de fertilidad, la degradación de su estructura y la contaminación por nitratos. En este contexto, los biofertilizantes surgen como una alternativa más sostenible, sobre todo cuando se utilizan a través de la valorización de materia prima cercana que permita ordenar el flujo de los nutrientes en los entornos agrícolas.

¿Qué son los biofertilizantes y cómo funcionan?

Los biofertilizantes son productos de origen orgánico que mejoran la fertilidad del suelo de forma sostenible y favorecen el desarrollo de los cultivos. A diferencia de los fertilizantes convencionales, los biofertilizantes se posicionan como una alternativa más sostenible dentro de los fertilizantes orgánicos, ya que no solo aportan nutrientes, sino que también contribuyen a mejorar la estructura del suelo y su actividad biológica.

Muchos de estos productos proceden de procesos de valorización de residuos orgánicos, como la digestión anaerobia en plantas de biometano, que valorizan materia orgánica para obtener digestatos higienizados y estabilizados.

Tipos de biofertilizantes y su función en el suelo


Existen distintos tipos de biofertilizantes en función de su composición y su función en el suelo. Algunos aportan materia orgánica y nutrientes esenciales, mientras que otros incorporan microorganismos que mejoran la disponibilidad de nutrientes para las plantas.

También existen enmiendas orgánicas que ayudan a mejorar la estructura del suelo, su capacidad de retención de agua y su equilibrio biológico.

Biorig: purín, estiércol y paja para un biofertilizante circular

El uso de biofertilizantes forma parte de un enfoque integral orientado a mejorar la fertilidad del suelo y avanzar hacia un modelo agrícola más sostenible y eficiente. Su capacidad para transformar residuos orgánicos en recursos de valor los convierte en una herramienta clave dentro de la economía circular aplicada al sector primario.

Desde Biorig contribuimos a este modelo mediante la valorización de residuos agroganaderos, exclusivamente purines, estiércol y residuos vegetales, principalmente paja de maíz. Mediante un proceso industrial, estas materias primas se transforman en energía renovable y un digestato categorizado como CMC 5. A través de una elaboración a mayores del digestato, Biorig consigue obtener un producto fertilizante orgánico certificado bajo el Reglamento (UE) 2019/1009 de tipo CFP 3, que mejoran la calidad del suelo, reducen el impacto ambiental y ayuda a dar trazabilidad al ciclo de los nutrientes en el campo.

De este modo, impulsamos una gestión más eficiente de los recursos, favoreciendo la sostenibilidad agrícola y el desarrollo de un sistema productivo más equilibrado y conectado con el territorio.

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El biometano desde la ciencia: una solución segura y sostenible para el sector primario

Así funciona una planta de biometano: nuevo episodio de ‘Futuro Verde‘

Madrid. 14.07.2026. Futuro Verde, el podcast de Promecal para Vive! Radio y El Día de Soria en colaboración con Solarig, sigue acercando la transición energética a la sociedad a través del conocimiento, la divulgación científica y la experiencia de profesionales del sector. El biometano, un gas de origen renovable sustitutivo del gas natural fósil, es uno de los mayores vectores de crecimiento del sector energético. Es por eso que los procesos de producción de biogás para obtener biometano han generado un gran interés en la ciencia, cuya opinión recogió el capítulo 3 del pódcast, que reunió a científicos especializados en el estudio de este tipo de instalaciones.

Dado el potencial para aumentar la descarbonización a sectores difícilmente electrificables del biometano y su aporte a la optimización en la gestión de los residuos orgánicos, este gas renovable se presenta como una solución energética que contribuye a la promoción de economía circular y al avance en la gestión de residuos con metodologías basadas en las ciencias y en la investigación por parte de los científicos.

Con los residuos agroalimentarios que produce Castilla y León podemos producir tres veces más gas natural del que consumimos

Futuro Verde aborda en detalle y junto a la academia el funcionamiento de una planta de biometano desde una mirada rigurosa y científica. En la conversación participaron investigadores de primer nivel, como Mariano Martín, catedrático de Ingeniería Química en la Universidad de Salamanca y miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España; Raúl Muñoz, investigador del Instituto de Procesos Sostenibles de la Universidad de Valladolid y catedrático en Tecnologías del Medio Ambiente; y María Pilar Martínez, ingeniera de minas y energía, doctora por la Universidad Politécnica de Madrid y actualmente investigadora postdoctoral en la UPM.

Del residuo al recurso: el proceso del biometano

Durante el episodio, se analiza paso a paso el funcionamiento de estas plantas, desde la recepción de materias primas hasta la obtención de biometano listo para su inyección en red o uso como combustible renovable.

Seguridad y fiabilidad

La seguridad y fiabilidad de las plantas modernas de biometano, una tecnología con más de 40 años de desarrollo en otros países europeos

Digestión anaerobia

El proceso de digestión anaerobia con el que se genera biogás a partir de residuos orgánicos

‘Upgrading’

La transformación del biogás en biometano, un gas renovable con características equivalentes al gas natural

Energía verde

El papel de estas infraestructuras en la reducción de emisiones y en la independencia energética

Digestato para cerrar el ciclo 

Uno de los aspectos más relevantes del proceso es la gestión y valorización del digestato, un subproducto que adquiere un papel fundamental dentro del modelo circular. El digestato es una enmienda orgánica con alto potencial agronómico, que permite devolver nutrientes al suelo, mejorar su estructura y reducir la dependencia de fertilizantes de origen químico.  

Biorig produce biometano exclusivamente a través de residuos agrícolas y ganaderos (purines, estiércol y paja), lo que permite obtener un digestato categorizado como CMC 5, el cual la compañía valoriza a mayores para obtener un fertilizante orgánico certificado por la normativa europea de tipo CFP 3, el cual está estabilizado, higienizado y que permite dar trazabilidad a los nutrientes que se emplean en el campo. 

El digestato no es peligroso, lo peligroso es no gestionar los residuos de una forma racional y por profesionales

Un modelo energético basado en la circularidad 

Si se gestionan de forma adecuada, las plantas de biometano son beneficio para todos.

Este nuevo episodio de Futuro Verde pone de manifiesto cómo el biometano representa una solución integral: no solo permite generar energía renovable, sino también gestionar residuos de forma eficiente y producir recursos que retornan al territorio. 

Un ejemplo claro de cómo la transición energética puede ir de la mano del desarrollo rural, la sostenibilidad ambiental y la creación de valor a largo plazo. 

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Por qué el biometano italiano atrae inversiones europeas y qué hace falta para que siga haciéndolo

Artículo de Agnese Rocco, publicado por Energía Oltre


Italia cuenta con recursos agrícolas, infraestructuras y competencias para convertirse en uno de los mercados clave del biometano en Europa

Silueta de Italia

Para consolidar el crecimiento del sector hacen falta reglas previsibles, plazos de autorización más claros y una visión más allá del PNRR

2 de julio de 2026 – En los últimos años, el biometano se ha convertido en uno de los segmentos más dinámicos de la transición energética italiana. Aumentan las inversiones, crecen las plantas y nuevos operadores miran al país como uno de los mercados más interesantes de Europa. Sin embargo, justo ahora que el sector ha tomado velocidad, existe el riesgo de frenar antes de llegar a la meta: sin reglas estables, plazos de autorización más previsibles y una visión industrial más allá del PNRR, esta aceleración podría no ser suficiente para alcanzar los objetivos fijados para 2030. Esta es la fotografía que emerge del Biomethane & Biofuels Report 2026 del Politecnico di Milano: el biometano es hoy una solución madura, compatible con las infraestructuras existentes y preparada para un crecimiento más sostenido. Lo que limita su pleno potencial ya no es la tecnología, sino la capacidad de resolver algunos cuellos de botella autorizativos, infraestructurales y regulatorios que siguen frenando el desarrollo del mercado.

Italia se ha convertido en uno de los mercados más interesantes de Europa

La pregunta, por tanto, ya no es si el biometano representa una tecnología estratégica. El verdadero reto es entender si Italia será capaz de transformar un crecimiento impulsado por los incentivos en un mercado estable y competitivo, capaz de atraer inversiones también una vez concluida la etapa extraordinaria del PNRR. El salto es evidente en los números. Si en 2018 las plantas de biometano conectadas a la red eran apenas siete, en junio de 2026 en Italia había 176 plantas en operación, con una capacidad productiva actual de alrededor de 115.000 Smc/h, algo más de 1.000 millones de Smc al año. Para dar una idea de la magnitud, se trata de un volumen equivalente a cerca del 1,6% de la demanda nacional de gas registrada en 2025 y al consumo anual de unas 700.000 familias tipo italianas. El crecimiento ha sido sostenido por los esquemas de incentivos introducidos por los Decretos Ministeriales de 2018 y 2022. A esta base operativa se suma una cartera de proyectos que ya ha entrado en la fase de concesión de los recursos del PNRR: tras el segundo acto publicado por el GSE el 5 de junio, los recursos ya concedidos ascendían a unos 2.134 millones de euros, frente a una dotación total de la medida de 2.236 millones.

El crecimiento italiano se inserta en un contexto europeo igualmente dinámico. Según el nuevo Biomethane Investment Outlook 2026 de la European Biogas Association, las inversiones planificadas identificadas por el informe han alcanzado los 36.000 millones de euros, un 28% más que en la edición anterior. Este crecimiento equivale a 8.000 millones de euros adicionales en capital comprometido y eleva la producción adicional prevista a 9.400 millones de metros cúbicos anuales de aquí a 2030. El informe indica además que, según los actores industriales participantes en el estudio, más de 1.200 plantas de biometano deberían entrar en operación en los próximos cinco años.

Italia, segunda en la UE por inversiones

Italia es uno de los mercados que más contribuyen a esta expansión. Según las nuevas estimaciones de la EBA, el país cuenta con 4.030 millones de euros en inversiones planificadas y una capacidad prevista de 23 TWh al año, lo que lo sitúa como el segundo mercado europeo por volumen de inversión, después de Dinamarca.

Distribución de los volúmenes de inversión en Europa (todos los períodos) – Fuente: EBA

Este resultado no depende exclusivamente de los incentivos. Existen características estructurales que hacen que el mercado italiano sea especialmente atractivo: una de las cadenas agroalimentarias más importantes de Europa, con una fuerte concentración de explotaciones ganaderas y producciones agrícolas capaces de aportar subproductos y residuos valorizables mediante digestión anaerobia; una red nacional de gas extensa y ya preparada para acoger el biometano, reduciendo las inversiones necesarias para integrar la producción renovable en las infraestructuras existentes; y un patrimonio de competencias desarrollado a lo largo de más de quince años de experiencia en el biogás agrícola. Una parte de los nuevos proyectos procede además de la reconversión de plantas existentes, con plazos de desarrollo generalmente inferiores a los de la construcción de nuevos emplazamientos.

Por qué los inversores internacionales miran a Italia

El interés creciente de operadores europeos y fondos de infraestructura refleja una dinámica cada vez más evidente: el mercado italiano del biometano está empezando a despegar justo cuando el país necesita reducir su dependencia del gas natural importado. En este contexto, el biometano ofrece una ventaja inmediata frente a otras soluciones: puede inyectarse en las infraestructuras existentes y sustituir progresivamente al gas fósil sin modificaciones sustanciales en los sistemas de transporte, distribución y consumo.

Para Italia, donde el gas sigue desempeñando un papel central en el sistema energético y en muchos procesos industriales difíciles de electrificar, esta compatibilidad representa uno de los principales factores de atracción para los inversores. Este nuevo contexto está empujando también a operadores ya activos en las renovables eléctricas a ampliar su radio de acción hacia los gases renovables. Es el caso de Solarig, presente desde hace años en el mercado fotovoltaico italiano, que a través de su división Biorig ha elegido Italia como mercado estratégico para el desarrollo de su actividad en el biometano.

El fenómeno, sin embargo, no se limita a un solo operador. Es la demostración de que el sector está entrando en una fase distinta a la de los últimos años: menos orientada al desarrollo de plantas individuales y cada vez más centrada en la construcción de una cadena industrial.

De la construcción de plantas de biometano a la construcción de una cadena industrial

La transformación en curso afecta también al modelo económico del sector. En los primeros años, la atención se centraba sobre todo en la construcción de plantas. Hoy, el valor se está desplazando progresivamente a lo largo de toda la cadena industrial.

Junto a la producción de biometano, adquieren un peso creciente la valorización del CO₂ biogénico, la producción de bio-GNL destinada al transporte pesado, el uso del digestato como fertilizante orgánico y la firma de contratos de suministro a largo plazo con operadores industriales interesados en reducir su huella de carbono.

Se trata de una evolución coherente con lo que está ocurriendo también a escala europea. Según la IEA, el crecimiento de los biogases estará impulsado sobre todo por el biometano, gracias a su versatilidad y a la posibilidad de utilizar redes y equipos de gas natural, reduciendo las inversiones en infraestructuras necesarias para descarbonizar usos difíciles de electrificar. Esta perspectiva modifica también la narrativa de la transición energética. Fotovoltaica, sistemas de almacenamiento, eólica y gases renovables no compiten entre sí: cumplen funciones complementarias dentro de un sistema energético que requerirá distintos vectores para alcanzar los objetivos climáticos europeos.

Por qué el próximo reto se juega más allá del PNRR

El crecimiento de los últimos años ha sido posible gracias a un conjunto de instrumentos normativos que han reducido el riesgo de las inversiones. El sector es consciente, sin embargo, de que la finalización de las intervenciones financiadas por el PNRR representará un punto de inflexión.

Según el Biomethane & Biofuels Report 2026 del Politecnico di Milano, el sector sigue presentando algunas criticidades estructurales. Entre las principales figuran la complejidad de los procedimientos de autorización, los tiempos de conexión a la red de gas, la necesidad de garantizar un abastecimiento sostenible de biomasa y, sobre todo, la ausencia de una visión regulatoria estable más allá de los actuales mecanismos de incentivo. El mismo informe señala que, en el escenario actual, podría mantenerse una brecha significativa entre la producción prevista y los objetivos fijados por el PNIEC para 2030.

También la European Biogas Association confirma que el mercado europeo está entrando en una fase más industrial. Según el informe, alrededor del 90% de las inversiones previstas para el periodo 2025-2026 ya se encuentra en construcción, mientras que los compromisos para el periodo 2027-2030 han sido revisados al alza. La EBA señala además casi 8.000 millones de euros destinados a actualizaciones de infraestructuras y nuevas inversiones en tecnologías y usos finales, como estaciones de servicio, licuefacción y valorización del CO₂ biogénico.

La cuestión, por tanto, no tiene que ver solo con el número de nuevas plantas que deberán construirse, sino con la capacidad de crear un mercado capaz de atraer capital incluso cuando la componente pública de los incentivos se reduzca progresivamente. El potencial existe: ahora debe consolidarse con reglas previsibles, planificación a largo plazo y una mayor integración entre el sistema agrícola, la industria y las infraestructuras energéticas.

De esta capacidad dependerá el futuro del biometano en Italia: seguir siendo una medida extraordinaria apoyada por el PNRR o convertirse en un componente estructural de la estrategia energética nacional, capaz de contribuir a la seguridad del suministro, la descarbonización de los consumos y la competitividad del sistema productivo.

Conservación del suelo: convertir residuos en fertilidad

El suelo, un recurso vivo y estratégico

Madrid. 07.07.2026. Cada 7 de julio se celebra el Día Internacional de la Conservación del Suelo, una fecha que recuerda algo esencial: el suelo no es solo la superficie sobre la que producimos alimentos, sino un recurso vivo, limitado y estratégico. De su estado dependen la productividad agrícola, la biodiversidad, la calidad del agua y la resiliencia de los territorios rurales frente al cambio climático.

La FAO recuerda que los suelos sanos son la base del desarrollo agrícola, la producción de alimentos y numerosos servicios ecosistémicos. También advierte de que la degradación del suelo se expresa de muchas formas: pérdida de materia orgánica, erosión, salinización, compactación, pérdida de fertilidad o deterioro de su estructura.

En España, este debate tiene una dimensión especialmente relevante para el sector agroganadero. La agricultura y la ganadería generan materiales orgánicos con valor agronómico —como purines, estiércoles, restos vegetales o paja—, pero su gestión debe realizarse con planificación, trazabilidad y criterios técnicos. Cuando estos flujos no se gestionan adecuadamente, pueden producir externalidades ambientales, entre ellas emisiones, molestias locales o contaminación difusa por nitratos. En este artículo explicaremos las mejores prácticas para garantizar que los sueles se mantienen saludables, principalmente a través de la valorización de materia orgánica como energía y fertilizantes orgánicos.

Un reto ambiental y productivo

La degradación del suelo puede manifestarse a través de la erosión, la pérdida de materia orgánica, la compactación, la salinización o la contaminación difusa. En los territorios agrarios, este reto exige soluciones que permitan mantener la productividad sin comprometer los recursos naturales. Por ello es necesario avanzar hacia modelos que ayuden al sector primario a producir mejor, con más eficiencia y con menor impacto ambiental.

Pérdida de materia orgánica.
01 Pérdida de materia orgánica.
Uso desequilibrado de nutrientes.
02 Uso desequilibrado de nutrientes.
Erosión por viento o agua.
03 Erosión por viento o agua.
Contaminación difusa asociada a una gestión inadecuada de fertilizantes o deyecciones.
04 Contaminación difusa asociada a una gestión inadecuada de fertilizantes o deyecciones.
Menor capacidad del suelo para retener agua y carbono.
05 Menor capacidad del suelo para retener agua y carbono.

De residuo a recurso: una oportunidad para el territorio

La agricultura y la ganadería generan materiales orgánicos con valor agronómico, como purines, estiércoles, restos vegetales o paja. Gestionados correctamente, estos flujos pueden convertirse en una fuente de nutrientes y materia orgánica para el suelo.

El enfoque adecuado no pasa por señalar al sector ganadero, sino por dotarlo de soluciones técnicas, trazables y viables. Agricultores y ganaderos son actores esenciales para conservar el suelo, porque trabajan directamente sobre el territorio y necesitan herramientas que les permitan cumplir con exigencias ambientales crecientes sin perder competitividad. 

El problema no es la actividad agroganadera, sino la falta de herramientas suficientes para valorizar bien sus flujos orgánicos.

La economía circular permite transformar una carga ambiental en un recurso útil.

La proximidad entre producción de residuos, valorización y uso agrícola reduce impactos logísticos y ambientales.

Biometano y digestato para cerrar el ciclo de los nutrientes

La actividad de Biorig se basa en la valorización de residuos orgánicos mediante digestión anaerobia. Este proceso permite transformar materiales agroganaderos en biogás, que posteriormente se depura para producir biometano. Al mismo tiempo, genera digestato, una corriente rica en materia orgánica y nutrientes que puede valorizarse como base para la producción de fertilizantes orgánicos.

Entrada de residuos orgánicos agroganaderos y agroindustriales.

Recepción de materiales como purines, estiércoles, paja o subproductos orgánicos para su tratamiento.

Digestión anaerobia en condiciones controladas.

Proceso biológico sin oxígeno que transforma la materia orgánica en biogás dentro de digestores monitorizados.

Producción de biogás y posterior depuración a biometano.

Generación de biogás y eliminación de impurezas para obtener un gas renovable apto para su uso energético.

Obtención de digestato.

Generación del material orgánico resultante tras la digestión anaerobia, rico en nutrientes y materia orgánica.

Valorización del digestato como fertilizante orgánico.

Tratamiento del digestato para convertirlo en un producto fertilizante útil, seguro y regulado.

Retorno de nutrientes al suelo agrícola.

Aplicación agronómica del fertilizante orgánico para devolver al suelo nutrientes y materia orgánica.

Del digestato a una enmienda orgánica

Uno de los elementos diferenciales del modelo de Biorig es la valorización del digestato como fertilizante orgánico CFP 3, conforme al Reglamento (UE) 2019/1009. Esto implica que el digestato no se plantea como un residuo sin destino, sino como una materia valorizable que debe cumplir requisitos de calidad, estabilidad y seguridad para su aprovechamiento agronómico.

El fertilizante orgánico CFP 3 permite aportar materia orgánica y nutrientes al suelo, contribuyendo a mejorar su fertilidad y a reducir la dependencia de fertilizantes minerales. Además, al contar con un marco regulado, favorece una aplicación más trazable, planificada y ajustada a las necesidades reales de los cultivos.

Una gestión más ordenada para proteger suelos y aguas

La contaminación por nitratos es uno de los grandes retos asociados a la gestión de nutrientes en zonas agrícolas y ganaderas. La valorización del digestato como fertilizante orgánico regulado puede contribuir a una gestión más ordenada, porque permite conocer mejor el origen, la composición y el destino de los nutrientes aplicados al suelo.

No se trata de sustituir el criterio agronómico, sino de reforzarlo. La aplicación de fertilizantes orgánicos debe realizarse dentro de planes de fertilización que tengan en cuenta las necesidades del cultivo, las características del suelo, los periodos adecuados de aplicación y los límites establecidos por la normativa.

Conservar el suelo es, en definitiva, proteger la base productiva y ambiental de nuestros territorios. La valorización de residuos agroganaderos y agroindustriales a través de la digestión anaerobia permite avanzar hacia un modelo más circular, en el que los nutrientes se recuperan, se gestionan con trazabilidad y vuelven al campo en forma de fertilizante orgánico. En Biorig trabajamos para que este proceso contribuya a una gestión más eficiente de los residuos, a la producción de energía renovable y a una fertilización más sostenible, reforzando el papel del sector primario como aliado imprescindible en la conservación del suelo y en la transición ecológica.

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