Digestión anaerobia y biometano: claves para la transición energética

De residuos orgánicos a biogases gracias a la digestión anaerobia

Madrid, 30.06.26. La energía verde es el pilar de la transición energética y una de las principales vías para reducir emisiones, mejorar la independencia energética y avanzar hacia un modelo más sostenible. En un contexto marcado por la necesidad de descarbonizar la economía y reducir la dependencia de fuentes externas, la obtención de energía a través de la digestión anarobia se posiciona como una solución estratégica para garantizar un suministro energético más seguro, competitivo y alineado con los objetivos climáticos europeos.

La digestión anaerobia (o también «digestión anaeróbica») es un proceso biológico en el que la materia orgánica se descompone en ausencia de oxígeno. Este fenómeno ocurre de forma natural, pero en las plantas de tratamiento se reproduce en condiciones controladas para maximizar su eficiencia. Su desarrollo permite no solo sustituir fuentes fósiles, sino también transformar la forma en la que se producen, gestionan y consumen los recursos energéticos.

¿Cómo funciona la digestión anaerobia?

Durante el proceso de digestión anaerobia, los microorganismos transforman los residuos orgánicos en biogás (compuesto principalmente por metano y dióxido de carbono) y en un subproducto conocido como digestato. Este biogás, tras un proceso de purificación, puede convertirse en biometano, un gas renovable con características equivalentes al gas natural y apto para su uso energético.

De esta manera, lo que tradicionalmente se ha gestionado como un residuo pasa a convertirse en un recurso. El metano deja de emitirse de forma difusa a la atmósfera y se captura para su aprovechamiento energético, reduciendo emisiones y mejorando la eficiencia del sistema. Al mismo tiempo, el digestato puede valorizarse como fertilizante orgánico, contribuyendo a mejorar la calidad del suelo y a reducir la dependencia de fertilizantes químicos.

¿Por qué es importante este proceso?

La gestión de los residuos orgánicos se ha convertido en uno de los grandes desafíos ambientales y productivos de la actualidad. En sectores como el agroganadero, donde se generan millones de toneladas de purines, estiércoles y restos agrícolas cada año, el problema no es solo su volumen, sino la forma en la que se gestionan.

Cuando estos residuos se descomponen sin control, liberan metano a la atmósfera, un gas con un elevado impacto climático. Además, esta gestión tradicional puede generar problemas de olores, contaminación de suelos y aguas, y una creciente presión regulatoria sobre agricultores y ganaderos. En este contexto, dar respuesta a este reto requiere soluciones que sean eficaces, aplicables y sostenibles en el tiempo, como la digestión anaerobia, para optimizar la gestión de estos residuos.

La digestión anaerobia, motor de la transición energética

Más allá de la gestión de residuos, la digestión anaerobia desempeña un papel estratégico en la transición energética. Permite reducir emisiones, optimizar recursos y generar energía renovable de forma gestionable y local.

En Biorig trabajamos para dar respuesta a este reto desde una perspectiva integrada y de proximidad, transformando residuos agroganaderos en energía renovable y fertilizantes orgánicos, y contribuyendo a una gestión más eficiente y sostenible de los recursos.

De esta forma, avanzamos hacia un modelo energético más equilibrado, conectado con el territorio y alineado con los principios de la economía circular.

Con ello contribuimos a transformar la gestión de los residuos en una oportunidad energética y territorial.

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Del PNRR a 2030: ¿qué futuro le espera al biometano en Italia?

¿Seguirá creciendo el biometano después del PNRR?

En los últimos años, el biometano ha asumido un papel cada vez más central en el proceso de transición energética de Italia. Gracias a las inversiones impulsadas por el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (PNRR) y a los nuevos mecanismos de apoyo, el sector ha registrado un crecimiento significativo, favoreciendo tanto la construcción de nuevas plantas como la reconversión de numerosas instalaciones de biogás ya existentes. Una transformación que ha contribuido a consolidar una cadena de valor industrial hoy más estructurada y preparada para afrontar una nueva fase de desarrollo.

Pero, ¿qué ocurrirá una vez finalice el impulso extraordinario del PNRR?

Esta es la pregunta a la que intenta responder el nuevo Biomethane & Biofuels Report 2026 del Observatorio Energy & Strategy de la POLIMI School of Management. El documento ofrece una fotografía de un sector que ya ha superado su fase pionera y que dispone de tecnologías maduras, competencias consolidadas y un interés creciente por parte de los inversores. Al mismo tiempo, pone de manifiesto que la consecución de los objetivos nacionales para 2030 dependerá de la capacidad de crear un entorno favorable para la inversión, caracterizado por un marco regulatorio estable, una mayor simplificación administrativa y una visión industrial a largo plazo.

A continuación, se presentan cinco aspectos clave extraídos del informe que ayudan a comprender en qué punto se encuentra hoy el sector y cuáles serán los principales retos de los próximos años.

Cinco conclusiones clave del informe

El biometano es ya una tecnología madura

Durante muchos años, el biometano fue considerado una tecnología prometedora, pero todavía en fase de desarrollo. Hoy el escenario ha cambiado profundamente. Según el informe del Observatorio Energy & Strategy, el biometano representa uno de los vectores energéticos renovables más maduros y disponibles de forma inmediata para contribuir a la descarbonización del sistema energético italiano.

Uno de los principales puntos fuertes de esta cadena de valor es la posibilidad de aprovechar las infraestructuras de gas natural ya existentes. A diferencia de otras tecnologías emergentes, el biometano puede inyectarse directamente en la red y utilizarse en las mismas aplicaciones que el gas natural, favoreciendo una transición gradual sin necesidad de desarrollar nuevas redes de distribución.

En los últimos años, además, el sector se ha beneficiado de una importante aceleración de las inversiones, impulsada tanto por la construcción de nuevas plantas como por la reconversión de instalaciones agrícolas de biogás. Este proceso ha contribuido al desarrollo de capacidades técnicas, cadenas de valor industriales especializadas y modelos de desarrollo cada vez más eficientes.

En otras palabras, el reto ya no está relacionado con la madurez de la tecnología, sino con la capacidad del sistema para acompañar su implantación a una escala cada vez mayor.

2030 representa la verdadera prueba para el sector

El crecimiento registrado en los últimos años es significativo, pero el informe pone de manifiesto que alcanzar los objetivos fijados por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) requerirá un nuevo cambio de ritmo.

Los escenarios elaborados por el Observatorio estiman una producción nacional de entre 2,9 y 3,8 mil millones de Smc al año para 2030, mientras que el objetivo nacional se sitúa en 5 mil millones de Smc. Por tanto, sigue existiendo una brecha importante que solo podrá cerrarse manteniendo el impulso inversor y creando condiciones favorables para el desarrollo de toda la cadena de valor.

Las cifras clave del informe

  • Objetivo del PNIEC para 2030: 5 mil millones de Smc/año
  • Escenario conservador: 2,9 mil millones de Smc/año
  • Escenario optimista: 3,8 mil millones de Smc/año
  • Brecha estimada: entre 1,2 y 2,1 mil millones de Smc/año

Más que un elemento de preocupación, esta diferencia representa una clara indicación de las oportunidades que el sector todavía tiene por delante. El mercado dispone de un importante margen de crecimiento, siempre que se mantengan políticas capaces de apoyar su desarrollo más allá de la finalización de las medidas extraordinarias del PNRR.

Los incentivos han puesto en marcha el camino. Ahora hace falta continuidad

Uno de los aspectos más interesantes que pone de relieve el informe es el papel desempeñado por las políticas públicas. El PNRR y los mecanismos de apoyo han representado un acelerador fundamental para el desarrollo de nuevos proyectos y para la reconversión de numerosas plantas existentes. Sin embargo, los operadores del sector subrayan que el siguiente paso requiere algo diferente a los incentivos extraordinarios: una perspectiva estable a largo plazo.

Las inversiones en biometano tienen, de hecho, horizontes industriales plurianuales. Por este motivo, la continuidad del marco regulatorio se convierte en un elemento tan determinante como el propio apoyo económico.

Entre las principales prioridades identificadas por el informe se encuentran:

  • Simplificación de los procedimientos administrativos
  • Reducción de los plazos para las conexiones a la red de gas
  • Mayor integración de la cadena de valor
  • Un marco regulatorio estable y previsible a largo plazo

El crecimiento del sector dependerá, por tanto, no solo de la disponibilidad de recursos financieros, sino también de la capacidad para construir un ecosistema favorable a la inversión y a la innovación.

El valor del biometano va más allá de la producción de energía

La contribución del biometano no se limita a sustituir al gas fósil. Su desarrollo permite valorizar biomasa, residuos agrícolas y subproductos orgánicos de acuerdo con los principios de la economía circular, transformando materiales que representan un coste de gestión en un recurso energético renovable.

Esta característica convierte al biometano en una tecnología especialmente interesante también desde el punto de vista del desarrollo territorial. Además de producir energía, esta cadena de valor contribuye a generar nuevas oportunidades económicas para el sector agrícola, favorece una gestión más sostenible de los residuos orgánicos y refuerza la resiliencia energética del país.

El informe también pone de relieve que el biometano puede desempeñar un papel estratégico en aquellos sectores donde la electrificación resulta más compleja, como determinados procesos industriales y parte del sector del transporte. En este sentido, el biometano no representa una alternativa a la electrificación, sino una solución complementaria capaz de ampliar las herramientas disponibles para alcanzar los objetivos de descarbonización.

Después del PNRR comienza la verdadera fase de desarrollo

Si los últimos años han estado marcados por el inicio de una nueva etapa de inversiones, el periodo que acompañará al sector hasta 2030 será el de su madurez industrial.

El verdadero desafío ya no será demostrar el valor del biometano, ampliamente reconocido, sino crear las condiciones necesarias para que esta cadena de valor pueda seguir creciendo de forma estable, competitiva y sostenible.

Esto significa favorecer una mayor integración a lo largo de toda la cadena de valor, impulsar la innovación tecnológica, reforzar el diálogo entre instituciones, empresas y territorios, y desarrollar una planificación a largo plazo capaz de dar continuidad a las inversiones.

El informe del Politécnico transmite, por tanto, un mensaje claro: el sector ha alcanzado un grado de madurez que le permite contribuir de manera significativa a los objetivos energéticos y climáticos de Italia. Su evolución dependerá ahora, sobre todo, de la capacidad del sistema país para acompañar su crecimiento mediante políticas coherentes y una visión industrial compartida.

La contribución de Biorig al desarrollo del sector

En este contexto se enmarca también el compromiso de Biorig, que ha elegido Italia como uno de sus mercados estratégicos para el desarrollo del biometano. Gracias a la fortaleza de su sector agrícola, a la disponibilidad de residuos agroganaderos y al crecimiento experimentado por la cadena de valor en los últimos años, el país reúne las condiciones necesarias para consolidar un sector capaz de contribuir de forma decisiva a la transición energética.

El objetivo de Biorig es contribuir a este proceso mediante nuevas plantas alimentadas con residuos agroganaderos y un modelo basado en la economía circular, la valorización de los recursos locales y la integración con el territorio. No se trata únicamente de producir energía renovable, sino también de generar valor para el sector primario, crear nuevas oportunidades para las comunidades rurales y acompañar el crecimiento de una cadena de valor industrial capaz de combinar innovación, sostenibilidad y desarrollo económico.

Una visión plenamente alineada con las conclusiones del informe del Politécnico, que identifica el biometano como una de las tecnologías llamadas a desempeñar un papel cada vez más relevante en la descarbonización, la seguridad energética y la competitividad de Italia durante los próximos años.

Biorig defiende en Fertilización SOStenible el papel del CFP 3 para un abonado competitivo y sostenible

Las jornadas organizadas por ASAJA Soria ponen en valor a la digestión anaerobia como forma de valorizar fertilizantes orgánicos

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Madrid, 19-06-26. La fertilización se ha convertido en uno de los grandes desafíos del sector agrario europeo. El aumento de los costes de producción, la dependencia de fertilizantes minerales importados y una normativa cada vez más exigente están impulsando la búsqueda de nuevas soluciones que permitan mantener la productividad de las explotaciones agrícolas y, al mismo tiempo, mejorar la sostenibilidad de los suelos. En este contexto, Biorig participó en las jornadas Fertilización SOStenible, organizadas por ASAJA Soria, para compartir su modelo de valorización de residuos agroganaderos y la producción de fertilizante orgánico certificado CFP 3.

Durante el encuentro, Ángel Martín, director de Desarrollo y Promoción de Biorig para España y Portugal, explicó cómo la compañía transforma exclusivamente purines, estiércoles y paja en recursos de valor para el sector primario mediante un modelo de economía circular que combina la producción de energía renovable con la recuperación de nutrientes y materia orgánica para los suelos.

Un fertilizante orgánico certificado para responder a los nuevos retos del campo

La agricultura europea afronta una doble presión. Por un lado, los costes asociados a los fertilizantes minerales continúan condicionados por la volatilidad de los mercados internacionales y las tensiones geopolíticas. Por otro, las nuevas políticas comunitarias y nacionales fomentan una fertilización más eficiente, basada en la recuperación de nutrientes y el aporte de materia orgánica a los suelos.

La respuesta de Biorig pasa por la producción de fertilizante orgánico certificado CFP 3, un producto regulado por el Reglamento (UE) 2019/1009 y obtenido a partir de materias primas agroganaderas de proximidad sometidas a procesos avanzados de digestión anaerobia e higienización.

A diferencia de otros modelos de valorización, Biorig trabaja exclusivamente con purines, estiércoles y paja, sin emplear residuos urbanos, lodos de depuradora ni residuos de matadero. Esta selección de materias primas permite garantizar una mayor trazabilidad, homogeneidad y calidad agronómica del fertilizante resultante.

Del residuo al recurso: una solución circular para el territorio

La producción de biometano es mucho más que la generación de energía renovable. Durante el proceso de digestión anaerobia, los residuos agroganaderos se transforman en biogás, que posteriormente se convierte en biometano y CO₂ biogénico, mientras que la fracción sólida resultante se valoriza para producir fertilizante orgánico certificado.

Este modelo permite recuperar nutrientes presentes en las materias primas originales y devolverlos al suelo de forma controlada, contribuyendo a mejorar la fertilidad de las tierras agrícolas y favoreciendo una gestión más eficiente de los recursos disponibles en el territorio. Además, al tratarse de un producto higienizado y certificado, facilita una mayor trazabilidad en la gestión de nutrientes y aporta seguridad tanto para agricultores como para administraciones.

Regenerar el suelo y reducir la dependencia exterior

Uno de los mensajes centrales defendidos por Biorig durante la jornada fue la necesidad de avanzar hacia modelos de fertilización que no solo aporten nutrientes, sino que también contribuyan a mejorar la salud de los suelos.

Los fertilizantes orgánicos permiten incorporar materia orgánica estabilizada, favoreciendo la actividad biológica del suelo, mejorando la retención de agua y ayudando a conservar su estructura y fertilidad a largo plazo. Este enfoque resulta especialmente relevante en un contexto en el que una parte significativa de los suelos europeos presenta problemas relacionados con la pérdida de materia orgánica y la degradación de sus propiedades agronómicas.

Al mismo tiempo, la recuperación de nutrientes procedentes de residuos agrícolas y ganaderos contribuye a reducir la dependencia de fertilizantes minerales importados, reforzando la autonomía estratégica del sector agrario y aprovechando recursos que ya se generan en el propio territorio.

BIORIG, economía circular y sostenibilidad energética 

Biorig, es la división de producción de biometano de Solarig. Nace con el objetivo de aportar soluciones innovadoras en el campo de los gases renovables, como el biometano. Su actividad se centra en la gestión de materias primas agroganaderas orgánicas para su transformación en gases renovables e impulsar el desarrollo de proyectos en el ámbito de la transición energética y la economía circular. 

Biorig apuesta por un modelo de economía circular basado en la valorización y gestión de las materias primas agrícolas y ganaderas, el compromiso con el desarrollo de las comunidades locales, y el fomento de la producción de gases renovables para acelerar la transición energética de los lugares donde opera. 

Tramitación ambiental del biometano: la garantía de seguridad y excelencia de las plantas

Las plantas cuentan con un proceso de garantías ambientales elevado para asegurar su integración

Madrid. 05.06.2026. Cada proyecto de biometano comienza mucho antes de que se coloque la primera piedra. Antes de iniciar su construcción, debe superar un proceso de evaluación ambiental, urbanística y administrativa que tiene un objetivo claro: garantizar que la instalación es compatible con el entorno, cumple la normativa vigente y dispone de todas las medidas necesarias para proteger el medio ambiente y a las comunidades locales. 

¿Por qué es necesaria la tramitación ambiental? 

La tramitación ambiental es el conjunto de procedimientos mediante los cuales las administraciones públicas evalúan los posibles efectos de un proyecto sobre el territorio antes de autorizar su construcción y operación. 

En el caso de las plantas de biometano, esta evaluación resulta especialmente relevante porque son instalaciones vinculadas a la gestión y valorización de residuos orgánicos. Por ello, deben acreditar desde el inicio aspectos como: 

La idoneidad de su ubicación. 

La compatibilidad urbanística del emplazamiento. 

La protección de la biodiversidad y los espacios naturales. 

La gestión de olores, ruido y emisiones. 

La protección de aguas superficiales y subterráneas. 

La seguridad industrial de las instalaciones. 

La correcta gestión de los subproductos generados durante el proceso. 

Este análisis permite identificar potenciales impactos, diseñar medidas preventivas y correctoras y verificar que el proyecto cumple con toda la legislación aplicable antes de recibir autorización. 

Cronograma: del inicio de la evaluación ambiental

Instalaciones como las plantas de biometano cuentan con una tramitación ambiental que puede prolongarse durante años hasta la obtención de los permisos ambientales, imprescindibles para iniciar la construcción y operación de los activos.

Definición y diseño del proyecto

El promotor analiza distintas alternativas de emplazamiento y diseño para seleccionar la opción técnica, ambiental y socialmente más adecuada.

Estudios de campo y caracterización ambiental

Equipos especializados realizan trabajos de análisis del territorio para estudiar factores como, por ejemplo, la fauna y la flora, los hábitats y espacios protegidos; la hidrología; la calidad del aire y acústica; el paisaje; el patrimonio cultural y arqueológico; los riesgos naturales e inundabilidad o el contexto socioeconómico.

Elaboración del Estudio de Impacto Ambiental

Con la información recopilada se redacta el Estudio de Impacto Ambiental (EsIA), un documento técnico que evalúa los posibles efectos del proyecto y define las medidas necesarias para prevenir, corregir o compensar impactos. En proyectos de Biorig, estos estudios se tramitan para la obtención de la Declaración de Impacto Ambiental (DIA), un requisito indispensable para poder obtener la Autorización Ambiental Integrada (AAI) que permite la operación de las plantas.

Consulta a organismos competentes

Durante la tramitación se solicita información y valoración a diferentes administraciones y organismos especializados en materias como medio ambiente, patrimonio cultural, biodiversidad o gestión del agua.

Información pública y evaluación administrativa

La documentación se somete a revisión por parte de las administraciones competentes y, cuando corresponde, a procesos de información pública para garantizar la transparencia y la participación mediante la publicación de la documentación presentada en los boletines oficiales de la administración correpondiente.

Declaración de Impacto Ambiental (DIA)

La administración ambiental emite la Declaración de Impacto Ambiental, donde determina si el proyecto es ambientalmente viable y establece las condiciones obligatorias para su desarrollo.

Autorización Ambiental Integrada (AAI)

En instalaciones como las plantas de biometano, la tramitación incorpora una Autorización Ambiental Integrada, que regula aspectos como emisiones, gestión de residuos, control ambiental, mejores técnicas disponibles y condiciones de operación. Obtener esta autorización es un paso es fundamental para la puesta en marcha del activo.

Licencias y autorizaciones finales

Una vez obtenidas las resoluciones ambientales favorables, el proyecto completa los trámites urbanísticos y sectoriales necesarios para obtener la licencia de obras.

Ready to Build (RtB)

Solo cuando todas las autorizaciones han sido concedidas, el proyecto alcanza el estado de Ready to Build (RtB) y puede iniciar su construcción.

Más allá de la autorización: el control continúa 

La obtención de los permisos no marca el final del proceso ambiental. Los proyectos autorizados deben implantar programas de seguimiento y vigilancia ambiental para comprobar que las medidas aprobadas se cumplen correctamente durante la construcción y la operación de la planta. 

Estos programas incluyen controles periódicos sobre aspectos como, por ejemplo, las emisiones atmosféricas; los niveles de ruido; la gestión de aguas; funcionamiento de los sistemas de control de olores; la protección de la fauna y la flora o la correcta aplicación de medidas preventivas y correctoras. Los estudios ambientales incorporan además planes específicos de vigilancia destinados a verificar el cumplimiento de todas las condiciones establecidas por la administración.

Biorig: rigor ambiental para impulsar la economía circular 

El biometano permite transformar residuos orgánicos en energía renovable, reducir emisiones, producir fertilizantes orgánicos y contribuir a una gestión más sostenible de los recursos agroganaderos. Sin embargo, estos beneficios solo son posibles cuando los proyectos se desarrollan bajo criterios técnicos y ambientales rigurosos.

Ese es, precisamente, el enfoque con el que Biorig impulsa sus proyectos: una industria verde de proximidad, basada en la valorización de materias primas agroganaderas locales y en la integración responsable de las plantas en el territorio. No se trata solo de producir biometano, sino de hacerlo con trazabilidad, seguridad, diálogo con las comunidades y compromiso con el desarrollo económico de las zonas rurales.

La tramitación ambiental constituye precisamente esa garantía. Un proceso exigente que analiza cada proyecto en profundidad, evalúa sus posibles impactos y establece las condiciones necesarias para que pueda integrarse de forma segura y responsable en el territorio.

Porque la transición energética no consiste únicamente en producir energía renovable. Consiste en hacerlo de manera compatible con la protección del medio ambiente, el desarrollo económico local y el bienestar de las comunidades que acogen estas infraestructuras.

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