Viaje alemania envitec

Biorig visita junto a vecinos de Zamora y Navarra plantas de biometano en Alemania a 100 metros de las viviendas 

Conocemos de primera mano las instalaciones de Gustrow y Friedland, al noreste de Alemania

Madrid, 21-01-26. Conocer una tecnología sobre el papel nunca sustituye a verla en funcionamiento. Con esta premisa, Biorig ha organizado una visita a Alemania junto a vecinos y representantes municipales de Zamora y Navarra, con el objetivo de mostrar sobre el terreno cómo operan algunas de las plantas de biogás y biometano más avanzadas de Europa, cómo se integran en su entorno y qué impacto real tienen en el desarrollo rural. El viaje permitió comprobar de primera mano que estas instalaciones no solo conviven con la población, sino que forman parte activa de un modelo de economía circular plenamente consolidado.

Alemania es uno de los países europeos de referencia en el despliegue del biogás y el biometano, con más de 11.000 plantas en funcionamiento y más de 260 instalaciones de producción de biometano. Un recorrido que comenzó hace décadas y que hoy sitúa a estas infraestructuras como piezas clave del sistema energético, agrícola y territorial. En este contexto, la delegación española visitó dos instalaciones emblemáticas: Güstrow y Friedland, ambas propiedad de EnviTec Biogas, referentes por su escala, su tecnología y su integración social.

La primera parada fue Güstrow, al noreste del país, una de las mayores plantas de biometano de Europa. Ubicada a menos de un kilómetro del núcleo urbano, esta instalación valoriza cerca de 290.000 toneladas anuales de residuos agrícolas y ganaderos —exclusivamente estiércol, gallinaza y ensilado de maíz— y produce alrededor de 289 GWh de energía renovable al año. Una cifra que permitiría abastecer a más de 100.000 hogares, tres veces la población del propio municipio de Güstrow. 

La planta destaca por su diversificación tecnológica. Además de biometano inyectado a la red de gas, produce bio-GNL para transporte pesado, electricidad y calor, y hasta 18.000 toneladas anuales de CO₂ biogénico licuado de calidad alimentaria, que se destina a sectores industriales como el alimentario o el químico. Todo ello en un complejo perfectamente ordenado, con circuitos diferenciados, control ambiental y una operativa pensada para minimizar cualquier impacto en el entorno. 

Uno de los aspectos que más llamó la atención durante la visita fue la gestión del digestato, el fertilizante orgánico resultante del proceso. Este subproducto, higienizado, estabilizado e inodoro, se almacena al aire libre sin generar molestias y se distribuye posteriormente en unas 40.000 hectáreas agrícolas cercanas. Más de 50 agricultores de la zona participan en este modelo circular, aportando estiércoles y recibiendo a cambio un fertilizante de mayor calidad agronómica y más fácilmente asimilable por los cultivos. 

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Friedland: energía renovable a escasos metros de las viviendas  

Viviendas biometano Alemania

La visita continuó en Friedland, una planta de biogás que ejemplifica de forma clara la convivencia entre este tipo de instalaciones y el entorno urbano. En este caso, las viviendas más próximas se encuentran a apenas 100 metros de la planta. Lejos de generar rechazo, la instalación lleva operando desde 2007 sin incidencias reseñables, abasteciendo a la localidad mediante una red de calefacción urbana o district heating, que utiliza el gas renovable para suministrar calor directamente a los hogares. 

Friedland trata anualmente alrededor de 145.000 toneladas de estiércoles y purines, una materia prima especialmente relevante en el contexto español. La nave de almacenamiento de gallinaza fue uno de los puntos clave del recorrido: completamente cerrada, equipada con un potente biofiltro que renueva el aire cada media hora, permitió a los visitantes permanecer en su interior sin percibir ningún olor. 

Esta experiencia fue especialmente reveladora para los representantes municipales. Pedro González, alcalde de Vezdemarbán (Zamora), lo resumía así: “Yo venía sin prejuicios a ver la planta, sobre todo a ver qué olores hay y qué perjuicio hay. Me ha sorprendido mucho ver que están las casas pegadas a la planta. Estamos dentro del recinto de la planta y no huele absolutamente nada, estamos a escasos metros del almacén de la gallinaza y no huele, está todo preparado”. 

Tecnología madura y normalizada 

Ambas instalaciones permiten entender con claridad el proceso de producción del biometano. Todo comienza con la recogida de los residuos agroganaderos y su introducción en digestores cerrados, donde se lleva a cabo la digestión anaerobia en condiciones controladas, generalmente mesófilas, en torno a los 40 ºC. Este proceso, además de producir biogás, reduce de forma significativa cualquier emisión de olores gracias a la degradación de los compuestos sulfurados.

Estamos dentro del recinto de la planta y no huele absolutamente nada.

El biogás obtenido pasa posteriormente por un proceso de purificación o upgrading, que elimina CO₂ e impurezas para obtener biometano con calidad de gas natural. En el caso de proyectos como los que desarrolla Biorig en España, este proceso se complementa el sustrato también pasa un proceso térmico que garantiza la higienización completa de los materiales y permite la valorización del digestato como fertilizante conforme al Reglamento Europeo 2019/1009.

Las materias primas utilizadas en Güstrow y Friedland —estiércoles, gallinaza, purines y silo de maíz— son similares a las previstas en proyectos de Biorig en España. En ningún caso se emplean lodos de depuradora, residuos urbanos o aceites, lo que refuerza la integración de estas plantas en el ecosistema agroganadero local.

Una percepción que cambia con la experiencia

Para Itziar Malón, alcaldesa de Rada (Navarra), la visita fue concluyente: “Son unas plantas muy bien organizadas, todo muy limpio, recogido, cada materia prima tiene su espacio. Hemos venido aquí a ver qué tecnología se usa en Alemania (…) la planta lleva operando desde 2007 y cero problemas, así que tranquila”. Un testimonio que refleja cómo el conocimiento directo y la transparencia contribuyen a desmontar miedos y percepciones erróneas.

Durante el recorrido, los participantes pudieron comprobar que el olor queda restringido exclusivamente a zonas muy concretas de manipulación de residuos y nunca al exterior de las instalaciones. También observaron la integración paisajística, la normalización de estas plantas en el territorio y su papel como industria local generadora de empleo cualificado.

Conocimiento y transparencia como base del desarrollo 

La visita a Alemania se enmarca en la estrategia de Biorig de fomentar el conocimiento y la transparencia entre los distintos grupos de interés. Mostrar ejemplos reales, consolidados y plenamente operativos permite contextualizar los proyectos que la compañía desarrolla en España y explicar con datos y experiencias contrastadas cómo funcionan estas instalaciones. 

En regiones como Castilla y León, donde Biorig impulsa un plan de desarrollo de diez plantas de biometano, este tipo de iniciativas divulgativas resultan clave para explicar el papel de estas infraestructuras en la descarbonización, la gestión eficiente de los residuos agroganaderos y el fortalecimiento del sector primario. Alemania demuestra que el biometano no es una promesa futura, sino una realidad industrial compatible con la vida cotidiana, el desarrollo rural y la sostenibilidad a largo plazo.  

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